Seis años ausente.. sin escribir. Han pasado tantas cosas y solo puedo concluir que todo lo sucedido ha sido para seguir creciendo. Sigo pensando que hasta lo malo me ha hecho bien.
Después de ese viaje a Venezuela en el 2008 y de vivir en carne propia la solidaridad de las personas, he seguido teniendo a lo largo de estos años distintas situaciones en las que me he visto en la necesidad de seguir recibiendo ayudas (esto parece el cuento de nunca acabar...)
Lamentablemente mis padres fallecieron al poco tiempo de ir a visitarles (Dic 2009 y Sept 2010).
Fueron muy pocos los años
disfrutados a su lado. He vivido una carrera como si la vida se fuese a terminar al día siguiente. Siendo joven no me detuve a pensar que ellos no serían eternos y me arrepiento (siento como si una daga me atravesara el pecho) de no haber pasado más tiempo juntos. Lo único que me queda son los recuerdos de su amor incondicional y las enseñanzas que me dejaron.
Este dolor me ha llevado a proponerme que si puedo dejarles
algo a mis hijos, van a ser momentos inolvidables,
dados en tiempo, pequeñas sorpresas, besos y abrazos
a montón,
aprendizaje juntos: valorar lo obtenido con sacrificio y disfrutarlo,
amar a montones,
que los mejores regalos son los hechos y que dar te deja un mejor
sabor de boca que recibir.
Comer juntos y que cocinar es otra forma de transmitir amor.
No creo ser fuerte ni aguerrida, pero
las circunstancias de la vida no me han dado otra alternativa.
Los veo y pienso para mis adentros:
no puedo marcharme tan pronto y cada noche en mis
particulares conversaciones con Dios,
firmo un trato con él.
Hemos ido cumpliendo, a veces de maneras extrañas,
pero con buenos resultados.
Siento que escribiendo soy un poco más yo...
y esta es mi catarsis particular.